La historia de la Orden de Hermes se remonta muy lejos en el pasado. Los quaesitoris han seguido la pista de la Orden hasta los cultos romanos de Mercurio, el de Hermes en Grecia ya hasta el antiguo Egipto y Persia. Afirman que la Orden de Hermes es una manifestación temporal de una institución eterna, que puede cambiar en su forma, permaneciendo siempre la esencia. De existir tal organización eterna, no adoptó su forma actual hasta el siglo VIII, tras la caída del Imperio Romano.
Orígenes antiguos
La Orden de Hermes fue fundada, principalmente, por magos que descendían del culto a Mercurio romano que, a su vez, bebía en las fuentes de la sabiduría del culto griego de Hermes. Los Buscadores creen que estos antiguos hechiceros griego tenían contactos con los seres que los griegos consideraban como dioses. La evidencia de magos en el antiguo Egipto y en la aún más antigua Babilonia, sugiere que incluso el culto de Hermes era descendiente de una Orden previa. Y también, según los Buscadores, estos hechiceros egipcios y babilonios tendrían un contacto directo con los que el pueblo conocía como dioses. Hay una especia de "historia" que se remonta hasta el origen de los magos egipcios y babilonios, y los Buscadores la llaman la "Leyenda de los Antiguos".
La leyenda de los Antiguos
"En tiempos anteriores a Roma, antes de Grecia e incluso antes de Egipto, había una gran civilización sobre la Tierra y que ahora yace bajo las olas del mar Mediterráneo. Allí vivía una poderosa raza de dioses, criaturas que usaban la magia como si fuera un simple juego, gente cuyas vidas estaban imbuidas en la magia, cuyas vidas no eran, en ciertos aspectos, más que magia. No tenían ninguna forma, y podían cambiar a voluntad, aunque se aparecían normalmente como humanos. Ahora perdidos para el conocimiento de la humanidad, sus palacios y ciudades eran preciosos jardines, construidos con luz y cristal y un sinfín de flores crecía en ellos. Estaban llenos de música, danza y todas las maravillas terrenales. Y aun no satisfechos con el placer ordinario, lo intensificaban con su magia, y disfrutaban de pensamientos tan esotéricos y fantásticos que hoy en día no podemos ni concebirlos.
Su estudio de la magia estaba centrado en la creación de nuevos placeres y en ocasiones, simplemente en busca del conocimiento en sí mismo (ya que ello es también un placer). No trabajaban en absoluto, y hacían sólo lo que deseaban, así que se convertía en un juego toda labor que emprendían.
Durante milenios residieron en sus ajardinadas ciudades, viviendo eternamente, completamente
volcados en sus juegos y maravillas.
"Y entonces surgió uno de entre ellos, una criatura peligrosa. Al principio estaba lleno de alegría, como el resto de ellos, pero a medida que se fue haciendo adulto, fue creciendo el odio en él. Nadie sabe qué pecado o maldición lo trajo del útero de una hermosa diosa, pero sobre la destrucción que trajo consigo no cabe ninguna duda. Los demás no lo querían ni confiaban en él, y nunca lo incluían en sus juegos ni relaciones amorosas. Era una rareza entre los dioses. Lo llamaron Tarhutis, que en su lenguaje significaba "el extraño". Y en la mente de Tarhutis residía una maldición de odio y una atormentadora ambición. Cuando llegó a adulto, Tarhutis se dio cuenta de que ya no podía reír ni llorar, y de que ya no era como los demás. Se separó de ellos y dedicó su tiempo a los estudios, para incrementar su poder. La mera influencia política no era suficiente para él; estaba obsesionado en la búsqueda de la magia (cada vez más potente) puesto que pensaba que aquél era el único poder verdadero".
"El odio creció cada vez con más fuerza y oscuridad en él; odio hacia aquéllos para los que el placer era suficiente, o para los que no estaban malditos por la sed de la ambición, como él. Gradualmente, fue dirigiendo sus estudios para poder satisfacer este odio.
Así, Tarhutis decidió matar a los dioses, y pasó setecientos setenta y siete años en las cuevas junto al Lago de Sal, un pantano que yacía entre lo que ahora son los Pilares de Hércules, preparando su fin. Elaboró un poderoso hechizo que destruyó el dique natural que había protegido al valle de los dioses de los amplios y fríos océanos, y un inmenso torrente de agua lo inundó. Por medio de las aguas fluyó todo el odio de Tarhutis, convertidas en un ponzoñoso veneno debido a su potente magia. En cuestión de días, las ciudades de los dioses fueron destruidas, y su civilización había desaparecido. Valiéndose de su magia, sin embargo, unos cuantos de ellos sobrevivieron. Tarhutis también continuó viviendo aun en las cuevas junto al lago, un lago que se había convertido en un mar. Los griegos y otros pueblos siguen contando leyendas sobre una gran inundación, refiriéndose a este antiguo cataclismo".
"Algunos de estos seres se convirtieron en los dioses de egipcios y griegos, mientras que otros dieron lugar a la estirpe de los dragones. Todos quedaron fascinados con sus antiguos servidores, los humanos, y observaron su progreso absortos y con una fascinación como sólo el aburrimiento puede engendrar, puesto que Tarhutis había debilitado los poderes que solían emplear en divertirse. Algunos fueron en busca de Tarhutis, pero nunca lo lograron capturar, y nunca pudieron encontrarse con él cara a cara, a menos que se les apareciera por voluntad propia, cosa que hacía sólo para reírse de ellos.
Debido a su ambición y su odio, era poderoso, de forma que ni siquiera todos los dioses juntos podían derrotarlo. De este modo, centraron sus energías en jugar con las vidas humanas, y se convirtieron en los dioses de muchas civilizaciones. Pero la vida les comenzó a parecer aburrida, y ni siquiera los humanos los pudieron entretener por mucho tiempo. Lentamente, dejaron de interferir en los asuntos humanos y comenzaron a observarlos a distancia. Y su aburrimiento creció aun más. Pronto comenzaron a dormir, despertando sólo un día cada año para ver qué es lo que había ocurrido entre los humanos".
"Nuestra magia, la magia de Hermes, desciende directamente de estos dioses. Es su magia la que ahora podemos manejar, pero nunca crear. E incluso nuestros Dones para la magia provienen de los Antiguos, puesto que estos dioses se emparejaban a veces con mortales y producían progenie que era medio humana, medio divina. Estos hijos han dejado en herencia la sangre de los dioses a través de los milenios, y somos unos pocos los afortunados que tenemos lo suficiente de esa naturaleza divina como para poder trabajar la magia creada por nuestros ancestros.
"Los dragones son también descendientes de aquéllos, puesto que algunos dioses tomaron forma de bestia por diversión, en busca de nuevos placeres. Sus descendientes fueron los dragones, gusanos y serpientes de nuestros tiempos. Puede ser que alguno de los más poderosos dragones sea en verdad un Antiguo que no ha abandonado su forma de bestia.
"Los dioses se durmieron, y todo el que conoce la verdad desea que duerman hasta el final de los tiempos, porque que si fueran despertados de su letargo y volvieran a caminar sobre la tierra, su sola presencia bien pudiera destruir toda civilización y a la Orden junto a ella. Recordad, no importa lo que puedan parecer, no son humanos, más bien son monstruos. Puede que el Dominio proteja a la humanidad de su matanza, pero si ése fuera el caso, tened por seguro que dominarían la Orden y usarían a los magos como a juguetes.
"Hoy, se dice, duermen en el Monte Olimpo y en el bosque de Tertius Quid y, según algunos, también en Stonehenge. Las moradas de los dioses no tienen una existencia temporal como la mayoría de las cosas, más bien vuelven periódicamente al tiempo según su voluntad. Sólo si visitas aquéllos lugares en el momento adecuado podrás entrar en sus palacios y jardines y encontrarte con ellos, aunque la mayor parte del año sólo encontrarás desolación.
Nadie ha podido informar de un encuentro con los Antiguos, así que hay que asumir que matan al intruso de sus hogares. Todo hechicero ha de ser precavido en estos lugares, puesto que un hechizo entonado de forma indebida podría despertarlos fuera de tiempo y traerlos a la tierra de nuevo, haciendo que todos fuéramos víctimas de su furia demoledora".
"Por lo que sé, Tarhutis llegó a ser conocido para los Egipcios como Tahuti o Thoth, como también se le llamaba. En este dios se basan los mitos de Hermes y Mercurio. En cualquier caso, Tarhutis fue el primer mago. Su creación del hechizo que destruyó su civilización demuestra que buscaba el poder tal y como lo hacemos en nuestros días. Era uno de los nuestros... y lo destruyó todo. ¿Qué enseñanzas sobre nosotros mismos pueden ser extraídas del hecho de que nuestro verdadero ancestro fuera el destructor de todo? Miremos en nuestros corazones y veamos cuánta de la sangre de Tarhutis corre por nuestros".
—El archimago Infamitus, en su libro Los Verdaderos
Orígenes de las Tradiciones Mágicas
Los Buscadores
Los magos que creen en los antiguos y buscan aprender de su poder se llaman a sí mismos los Buscadores. Creen que si pudieran encontrar a los Antiguos tendrían acceso a grandes conocimientos y un poder inimaginable. Puesto que comparten objetivos, a veces colaboran; pero precisamente por querer alcanzar la misma meta, pueden ser violentamente competitivos. Esta competición ha terminado en ocasiones en la destrucción de laboratorios, familiares y aprendices; incluso a veces en Guerras de Magos. Si alguno de los Buscadores ha encontrado algo concreto, desde luego no se lo ha contado a nadie, y menos a los demás Buscadores.
Los Buscadores pueden pertenecer a cualquier Casa, aunque actualmente no hay ninguno de Criamon, Bonisagus, Jerbiton o Mercere. La treintena aproximada de Buscadores pertenece, en su mayoría, a las Casas Tremere, Tytalus y Ex Miscellanea.
El Culto de Mercurio
Aunque la Orden desciende directamente de la sociedad romana, su nombre está inspirado en el culto de Hermes, el dios griego de la magia.
Cuando los romanos comenzaron a construir su imperio, tomaron prestada buena parte de la cultura y religión de los griegos, que unos siglos antes habían dado lugar a una cultura muy avanzada. La cultura romana tomó prestadas cosas como la religión y la magia, ambas originariamente provenientes del culto de Hermes. Los miembros de la Orden, sin embargo, fueron, en su momento, sacerdotes de Mercurio (aunque, por aquel tiempo, sólo utilizaban este título nominalmente). Eran capaces de hacer magia mediante prolongados rituales que implicaban a muchos participantes. Son las tradiciones romanas del culto de Mercurio las más empleadas en la Orden y las que le han impreso su carácter. De los doce magos que fundaron la Orden moderna en el año 707 d.C., todos excepto Bjornaer y Díedne descendían de los sacerdotes romanos de Mercurio.
El culto de Mercurio no fue nunca uno de los más poderosos en Roma, y la magia que practicaban sus sacerdotes no ocupa un gran lugar en la historia política del imperio. Sin embargo, algunos sabios Herméticos piensan que los hechizos que conjuraban eran esenciales para mantener la integridad a lo largo de los siglos del imperio, incluso a pesar de que los emperadores nunca lo agradecieran públicamente.
La magia empleada por este culto requería de complicados y largos rituales que implicaban a un gran número (a veces cientos) de sacerdotes, diseminados por varias ciudades. Estos rituales mantenían a raya a la mayoría de los habitantes más tenebrosos del mundo.
Estos sabios van más allá, y especulan con la posibilidad de que la aparición del cristianismo en Roma y, por tanto, la caída del culto de Mercurio, es lo que produjo la caída del imperio. Los sacerdotes de Mercurio viajaban a través del mundo buscando conocimientos, y se han encontrado los restos de pequeños templos por toda Europa Mítica, así como en los continentes del Sur y del este.
Plentarch y la Magia Mercuriana
En el siglo II a.C., el sacerdote Plentarch codificó los rituales del culto en treinta y ocho hechizos, cada uno de los cuales había de ser estudiado y dominado individualmente. La teoría mágica del culto no presentaba nada que fuera de uso general, como pueden ser las Formas y Técnicas Herméticas.
La mayoría de estos hechizos eran elaborados rituales que requerían varios hechiceros que se sintieran unidos por algún objetivo o formación comunes. El libro que describe estos hechizos, no obstante, se encuentra perdido en la actualidad.
Algunos lo buscan ávidamente en antiguos templos de Mercurio, porque podrían enseñarle mucho a la Orden sobre la magia.
La caída del Culto de Mercurio
Puesto que el culto de Mercurio necesitaba de la dedicación de tantos sacerdotes conjurar un hechizo, así como un aporte económico importante para los componentes del ritual, perdió gran parte de su poder con la decadencia de Roma. El culto se fragmentó cuando los diferentes sacerdotes tomaron parte en los distintos bandos durante las guerras civiles, de forma que, hacia el año 300 d.C., la mayoría de los hechizos más poderosos no podían ser conjurados, por la carencia de sacerdotes cooperantes. Muchos templos, incluyéndose los de la propia Roma, cayeron en un estado de decadencia tal que se convirtieron en poco más que carnavales en los que los ciudadanos podían satisfacer su curiosidad o dejar que les leyeran el futuro mediante magias menores.
El crecimiento gradual del cristianismo eclipsó lentamente a las antiguas religiones de Roma, y el culto de Mercurio siguió debilitándose al haber cada vez más gente que se alejaba de él y dejaba de aportar el dinero necesario para adquirir los caros componentes para sus hechizos. En el siglo IV, cuando el emperador Constantino el Grande hizo de la cristiana la religión del estado, lo que quedaba del culto de Mercurio salió de las ciudades para refugiarse en las zonas más agrestes, lejos del poder político y aislado. Para aquel entonces ya había perdido tanto de su vigor religioso que la mayoría de sus miembros tenían intereses en poco más que en aumentar su influencia personal e incrementar su conocimiento del arte de la magia. El culto dejó de existir como institución romana, aunque permaneció como una deslavazada organización de conjuradores.
La caída de Roma
Cuando Roma cayó por fin ante los bárbaros, el culto de Mercurio estaba formalmente disuelto y los miembros que quedaban se vieron obligados a sobrevivir por su propia cuenta en la brutal sociedad que se instauró. Ya no eran sacerdotes sino, más bien, hechiceros solitarios que sólo eran capaces de conjurar hechizos menores exceptuando las ocasiones en las que podían reunirse con sus pares. Empezaron a ser conocidos como hechiceros o magos y su relación con el culto de Mercurio fue olvidada. Los propios magos fomentaron estos nuevos títulos puesto que los cristianos no toleraban las antiguas religiones.
Comenzó un periodo de transición y el estudio y uso de la magia se transformó. En primer lugar, los magos debían modificar la magia que conocían, que se basaba en grandes reuniones, y necesitaba templos y recursos que ya no les eran accesibles. Por medio de otras fuentes (posiblemente griegas o egipcias), los magos empezaron a desarrollar otro tipo de magia poco después de la caída de Roma, una magia que era más manejable por un individuo, aunque seguían empleando hechizos rígidos, como los hechizos formulaicos de la magia Hermética.
Naturalmente, los magos seguían intentando reunirse en grupos para compartir sus conocimientos, pero estos grupos tenían una corta esperanza de vida. Cada mago tenía preciosos secretos que no quería que fueran conocidos por los demás, lo que producía celos y desconfianza. Aquel hechicero que pudiera matar a otro, tendría libre acceso al botín de tesoros y conocimientos mágicos del finado, por lo que el combate mortal era frecuente. Debido a este peligro, los hechiceros de la Era Oscura rara vez se reunían. Ningún mago podía confiar en otro, y sin la beneficiosa posibilidad de compartir la información, el conocimiento de los magos creció muy poco.
Como incluso los aprendices no se podían considerar de total confianza, el número de los magos decreció rápidamente. Durante un tiempo, parecía que la tradición de la magia (nacida de los dioses, llevada a los babilonios, nutrida por las aguas del Nilo, refinada por los griegos y llevada a su máxima gloria por los romanos) estaba llegando a su fin.
La Orden de Hermes
El Primer Tribunal
A comienzos del siglo VIII, la hechicera Trianoma tuvo una visión: los magos unidos como lo habían estado en Roma. Pero no sabía como podría superar la desconfianza y los violentos antecedentes en la tradición. Viajó por toda Europa hablando con varios hechiceros y la mayoría apoyaba la idea en la teoría, pero muy pocos de ellos confiaban en sus colegas lo suficiente como para colaborar. Además, muchos dudaban de que ese trabajo conjunto pudiera ser rentable, puesto que los hechiceros empleaban técnicas mágicas diferentes e incompatibles.
Tras años de búsqueda, Trianoma encontró una solución a su problema. Aislado del mundo, el hechicero Bonisagus estaba trabajando en una teoría universal de la magia. Sus estudios ya le habían permitido crear un sencillo escudo mágico que protegía contra los hechizos (ahora llamado simplemente la "parma mágica") Trianoma vio en estos descubrimientos lo que permitiría formar la orden que había soñado. La parma mágica permitiría a los magos reunirse con menos temor a ser atacados, y la teoría mágica universal les daría una razón para colaborar.
Trianoma animó a varios magos para que visitaran a Bonisagus y compartieran lo que sabían con él. De los druidas, por ejemplo, aprendió a crear nuevos hechizos en función de la necesidad del momento.
Esta habilidad dio lugar a la magia espontánea. Bonisagus desarrolló una teoría mágica de amplia aplicación, ahora conocida como teoría Hermética.
Mientras que Bonisagus unificó la magia de los magos, Trianoma concibió y dirigió su unificación política. Reunió a doce magos que estaban dispuestos a formar una orden. Aprendieron la parma mágica, estudiaron la teoría mágica de Bonisagus, escribieron el Código y le dieron nombre a la orden según el dios griego de la magia, cuyo culto sabían que precedía al culto romano de Mercurio. En Durenmar, en el año 767 d.C, los doce magos jurar respetar el Código de Hermes, y se formó la Orden.
Dado que estos magos podían trabajar juntos y compartir lo que habían aprendido, su poder creció rápidamente. Se dieron cuenta de que con el poder de la magia en sus manos los únicos mortales que podían temer eran los demás magos. Buscaron sistemáticamente a otros hechiceros y les ofrecieron ser miembros de la recién reformada orden. Lo único que pedían es que se atuvieran al sencillo Código de Hermes y que formaran parte de alguna de las Casas que habían formado.
Los que se unieran a la Orden serían de confianza, pero aquellos que se negaran seguirían siendo una amenaza para los que se habían unido, y la Orden los eliminó o expulsó de Europa. Es debido a este imponente esfuerzo por lo que la mayoría de los hechiceros en Europa Mítica son magos Herméticos.
No obstante, continúan existiendo hechiceros, e incluso grupos de hechiceros, independientes. Siguen siendo una amenaza para la Orden porque no están vinculados al Código de la Orden.
Magia Hermética
Los aprendices que aprenden la magia Hermética consideran como algo cotidiano los símbolos, convenciones y estructura de la Orden. No se dan cuenta de la increíble hazaña que llevó a cabo Bonisagus cuando tomó el conocimiento y el poder de varios tipos de magia y diseñó un solo sistema para abarcarlos a todos. Fue este trabajo de una genialidad sin precedentes y posiblemente irreproducible el que hizo posible la Orden de Hermes. Se convirtió en un sistema en el que un mago de fuego podía compartir información con uno de agua y un nigromante lanzar hechizos diseñados por un multiforme.
La categorización y regularización del sistema mágico de Bonisagus es un arma de doble filo. A un mago Hermético le resulta mucho más fácil comprender magia de todos los tipos que a un hechicero exótico.
Los hechiceros exóticos suelen recibir una formación más intensa en un tipo de magia muy específico, como la magia de agua o multiforme, y conocen poco o nada de los demás tipos de magia.
Por otro lado, realizar una verdadera innovación es más difícil dentro de las estructuras de la magia Hermética.
Existe una manera ideal de formar a un aprendiz según cada uno de ellos, una manera de entender la magia que encaje perfectamente con su verdadera naturaleza. Tal sistema de magia podría convertir al aprendiz en un igual de los fundadores. Pero nadie sabe cuál es el sistema adecuado a cada aprendiz, y se debería construir un sistema nuevo por cada uno de ellos. Por ello, los hechiceros Herméticos simplemente usan el mismo sistema para todos sus aprendices. Es un sistema funcional, y permite que los magos compartan la información entre sí, así que sus inevitables limitaciones son fácilmente soportables.
Sigue habiendo aspectos de la magia que aun no encajan en las rígidas categorías del diseño de Bonisagus, como por qué algunos aprendices desarrollan Especializaciones, Afinidades y Antipatías en sus Artes y por qué algunos manifiestan capacidades únicas y fuera del espectro de la magia Hermética. Los miembros de la Casa Ex Miscellanea, alguno de los cuáles es mago Hermético sólo de formanominal, y los magos exóticos que sobreviven a pesar de la hegemonía de la Orden demuestran que hay algo más en la magia que las teorías de Bonisagus.
La Orden y los Hechiceros Exóticos
La relación con los hechiceros exóticos ha ido cambiando a los largo de los siglos, desde que la Orden fuera fundada en el año 767 d.C. Antes de existir la Orden, por supuesto, no había hechiceros exóticos (o sólo había hechiceros exóticos, según como se mire). Aun así, existía una distinción entre hechiceros descendientes de la tradición romana y hechiceros más "primitivos", principalmente originarios de tradiciones célticas y nórdicas. Los que descendían de las tradiciones mágicas romanas se consideraban a sí mismos superiores (como ocurría, sin duda, con cualquier grupo definido), y fue este grupo de latinoparlantes el que formó el núcleo de la Orden. Dos hechiceros de otras tradiciones, Bjornaer y Díedne se unieron también a la Orden, pero el esfuerzo de incorporar nuevos miembros se centró sobre todo en los que seguían la tradición romana. Los fundadores pensaban, en general, que incluir más hechiceros bárbaros sólo acarrearía disensiones internas, tal como la admisión de gente no romana había debilitado al Imperio Romano y, de todos modos, no daban gran valor a los conocimientos que pudieran aportar los hechiceros no latinos.
Una vez que la Orden se hubo consolidado, centró sus energías en los que consideraba peligrosos, los magos exóticos. Dado que los magos exóticos no estaban vinculados por el Código Hermético, eran vistos como amenazas. En esta oscura época, Tytalus, Flambeau y otros magos cazaron con fruición a estos hechiceros. La parma mágica de Bonisagus hacía a los magos Herméticos más fuertes que a sus exóticos enemigos, y disfrutaron de continuas victorias.
Estos años de sangrientas luchas con otros hechiceros dieron lugar a numerosos relatos de grandes hazañas y maravillosas batallas, pero en unos setenta años las batallas fueron languideciendo. Los druidas que no se habían unido a la casa Díedne se habían retirado a impenetrables bosques feéricos, y los hechiceros de las tierras del norte demostraron ser demasiado poderosos en sus territorios natales como para ser destruidos. Sin embargo, la mayoría de los hechiceros independientes en las zonas centrales de Europa Mítica, sin embargo, fueron muertos, obligados a ocultarse o forzados a unirse a la Orden. Durante el curso de los siglos, la lucha contra los hechiceros exóticos se ha ido haciendo cada vez menos importante (y al tiempo, menos factible, dado el descenso de la población de hechiceros exóticos). Algunos hechiceros exóticos siguen adelante, pero la mayoría son simples y vulgares brujos que sobreviven procurando no atraer la atención sobre sí mismos y no suponen ninguna amenaza para la Orden. Por desgracia, el vulgo recuerda aquellos días de guerras mágicas y, por medio de sus leyendas, han traspasado de generación en generación el miedo a los hechiceros.
A comienzos del siglo XII, la Orden entró en un conflicto directo y violento con los cabalistas de Barcelona.
Los Cabalistas demostraron un poder suficiente como para que la Orden accediera a una tregua perpetua con ellos. Esta tregua es el único ejemplo de la concesión de derechos por parte de la Orden a hechiceros extraños. Los cabalistas y los magos Herméticos rara vez se encuentran o trabajan juntos: sus magias divergen demasiado como para fomentar la cooperación o incluso el respeto mutuo.
En las últimas décadas, algunos magos Herméticos se han vuelto más comprensivos con sus primos exóticos. A medida que la población mundana avanza más y más, los magos comienzan a buscar aliados en vez de enemigos. Estos magos consideran un error la política paranoica y violenta de la Orden con respecto a los hechiceros exóticos.
Los que han colaborado con hechiceros exóticos suelen considerarlos una buena compañía y unos aliados a tener en cuenta.
Las crisis en la Orden
La dominación de la Casa Tremere
En el siglo IX, la Casa Tremeré, por medio de un hábil uso del certamen y de la intriga política estuvo a punto de dominar la Orden, gobernando varios tribunales y creciendo sin pausa en su poder. Tremeré, que aun vivía y dirigía este intento de dominar la Orden, fue detenido por un grupo de magos sin identificar que rompió las mentes de sus lugartenientes. Nadie sabe quién es el responsable del "Ocaso", como se llamó a este ataque.
Tras este evento, los demás magos se tomaron más en serio los sucesos políticos y comenzaron a mejorar su habilidad en el certamen.
La corrupción de la Casa Tytalus
Próximo a terminar el siglo X, Tasgilia, la prima de Tytalus y varios líderes de esta casa fueron hallados culpables de diabolismo. Habían estado llevando a cabo una campaña de corrupción de magos de otras Casas. En medio del temor y de muchas acusaciones, fueron juzgados y ejecutados. La corrupción de magos tan poderosos hizo que se incrementara el temor de la Orden a los demonios y aumentó la suspicacia que ya existía entre los magos. Algunos señalan este suceso como el precursor de la Guerra del Cisma.
El temor a los demonios aumenta y disminuye en la Orden, según las épocas. Cerca del fin del siglo XII, por ejemplo, los demonios parecían estar en todos los sitios. No está claro si se trata de un aumento de la preocupación debido a actividades infernales o una mera moda pasajera.
La Guerra del Cisma
Justo con el cambio de milenio, estalló un conflicto abierto en la Orden, con una prolongada serie de escaramuzas, batallas y asesinatos que han sido conocidos posteriormente como la Guerra del Cisma.
Algunas Casas y magos querían restringir la interacción entre las Casas para que la corrupción en una Casa no condujera a la caída de las demás.
La corrupción de la Casa Tytalus fue, sin duda, la causa principal de esta paranoia, pero la intriga, la competencia, y las escaramuzas en general incrementaban la atmósfera general de desconfianza.
Las diferencias de opinión se convirtieron frecuentemente en Guerras de Magos y en incursiones en terreno ajeno.
La confusión dio lugar a un estado de "todo vale" y las viejas disputas renacieron. Los bandos cambiaban constantemente, y la lucha segó demasiadas vidas. Algunas Casas se retiraron para evitar la violencia, mientras que otras aumentaron sus actividades violentas para detener a los atacantes o, simplemente, lograr sus objetivos personales en medio del caos. Los quaesitoris perdieron poder realya que los magos dejaron de obedecer sus órdenes, y a la mayoría le parecía que la Orden iba a caer.
Y entonces, la Casa Tremere declaró la guerra a la Casa Díedne. La Casa Díedne, formada por los descendientes de los druidas, siempre se había mantenido apartada de las demás Casas, y se desconfiaba, en general, de ella. El primus de Tremere, Cercistum, pidió ayuda a la Casa Flambeau para librar a la Orden de estos provocadores y de sus exóticas tradiciones. Los magos Flambeau se unieron a la batalla con gran placer. Los quaesitoris, viendo la oportunidad de recuperar el poder perdido, respaldaron a la Casa Tremere y declararon expulsada a la Casa Díedne.
La mayoría de las demás Casas se retiraron por seguridad, pero muchos magos individuales con antiguos rencores se unieron a la batalla.
La Casa Díedne fue completamente eliminada, pero sus líderes no fueron nunca encontrados.
Los magos de entonces tenían la esperanza de que los hechizos de largo alcance que usaron contra ellos los hubieran matado, pero muchos sospecharon que los líderes de la Casa Díedne se habían retirado a algún bosque feérico. Si este fuera el caso, podrían volver en cualquier momento, buscando venganza.
Con la destrucción de la Casa Díedne, la Guerra del Cisma tocó a su fin. Los quaesitoris insistieron en resolver todos los conflictos remanentes de forma pacífica. Y la mayoría de los magos deseaban dejar la lucha una vez que hubieron comprobado la destrucción que podía resultar de una guerra total entre magos.
La Casa Diedne
"Seguiremos vivos en tanto que el viento caliente
sople tras vuestras nucas, las tormentas golpeen
los muros de vuestras torres, las olas mezan
vuestros barcos y el sol, sin piedad, vea vuestros
pecados y clame venganza. Volveremos a buscaros".
—Atribuido al primus Llewellyn, palabras grabadas en las ruinas de un muro de piedra que se hallaba en el último lugar en el que fue visto.
Lema: Beata Terra beata omnia eam servant.
(Benditos sean la Tierra y todos los que la sirven).
Símbolo: El símbolo de la Casa Díedne ha sido eliminado de los registros Herméticos, por orden de los quaesitoris.
La Casa Díedne fue destruida durante la Guerra del Cisma, siendo habiéndose visto por última vez a miembros vivientes de esta Casa en el año 1012 d.C. Esta Casa, formada por hechiceros paganos descendientes de los druidas célticos, era la más grande y poderosa durante los primeros años de la Orden. Fundamentalmente, se radicaba en Francia, España y las Islas Británicas, pero tenía alianzas tan lejos como en Grecia o Dinamarca.
Cuando estalló la Guerra del Cisma y los conflictos se multiplicaban por la Orden, la Casa Tremere se volvió contra la Casa Díedne. Con la ayuda de la Casa Flambeau y la sanción de los quaesitoris, la Casa Tremere derrotó a la Casa Díedne y mató a todos los magos Díedne que pudo encontrar. Sin embargo, el primus Llewellyn y algunos de sus seguidores no pudieron ser encontrados jamás, y se piensa que podrían haber escapado. La leyenda dice que los duendes les ofrecieron santuario en Arcadia, donde viven desde entonces. Dado que un día en el País de los Duendes es a menudo como un siglo en el mundo terrenal, el resto de los miembros de la Casa expulsada podría volver cualquier día con la venganza aún fresca en sus mentes.
Otra leyenda cuenta que navegan en un barco mágico tripulado por esqueletos y que surcan los mares, o que su barco se elevó a los cielos y que se lo puede ver navegando entre las estrellas.
Historia
En su búsqueda de nuevos métodos para elaborar la magia, Bonisagus habló con algunos de los últimos miembros de la tradición druídica. De ellos aprendió una nueva forma de lanzar hechizos menores y espontáneos, pero la leyenda dice que su líder no tuvo nada que ver con la nueva orden de Bonisagus. Díedne, una de las seguidoras más jóvenes del líder, se unió a ella, no obstante, tras haber recibido la promesa de Bonisagus de proteger a esta cautelosa maga. Muchos de los miembros de esta secta siguieron este ejemplo durante los siguientes años, formando una gran Casa, aunque nunca se integraron totalmente en la Orden.
Permaneciendo en las alianzas formadas por magos exclusivamente de su Casa, no permitían que circulara ninguna información sobre ellos, y su distanciamiento y actitud de superioridad despertó rápidamente el resentimiento de algunas de las demás Casas.
A comienzos del siglo XI, la Orden estaba plagada de problemas. La ejecución de la prima de Tytalus por diabolismo provocó el temor entre las Casas. Los viejos resentimientos resurgieron, y los comportamientos extraños tenían implicaciones siniestras: los rumores se cebaron en la Orden. El secretismo de la Casa Díedne, su exclusivismo y sus extrañas tradiciones la pusieron en la cima de la sospecha. En una reunión con los líderes de todas las Casas, un importante mago Díedne insultó públicamente al primus de Tremere, aumentando la tensión entre ambas Casas, ya por entonces en franca hostilidad. Cuando los quaesitoris comenzaron a investigar todas las Casas en busca de diabolistas, la Casa Díedne se resistió, acusando a la Casa Tremere de emplear a los quaesitoris para intentar robar sus técnicas mágicas.
La violencia se convirtió en un recurso común en esta época, y no sólo contra los seguidores de Díedne. Había constantes Guerras y Marchas de Magos, e incluso unos cuantas alianzas tenían abiertos enfrentamientos sin pretender siquiera justificarlos según el Código Hermético. Durante seis años la Casa Díedne estuvo dando evasivas a los intentos de investigación, antes de que la Casa Tremere declarara una guerra Casa contra Casa sin precedentes. Hartos de las tácticas de la Casa Díedne, y poco dispuestos a enfrentarse a la Casa Tremere, los quaesitoris renunciaron a oponerse a la declaración, a pesar de que todos los precedentes dictaban que la Guerra de Magos se restringía a individuos. Al contrario, poco después de que comenzara la lucha, sancionaron con efectos retroactivos las acciones de la Casa Tremere declarando que toda la Casa Díedne estaba expulsada. En una sangrienta guerra de meses de duración, la Casa Díedne fue destruida.
Al principio, los magos Herméticos supervivientes mantuvieron una actitud vigilante frente al espectro de la vuelta de la Casa Díedne, pero a medida que han pasado los años sin señales de esta Casa, los magos han vuelto a centrarse en sus asuntos más inmediatos. Algunos historiadores radicales han osado sugerir, desde la seguridad de casi doscientos años de distancia, que la Casa Díedne no era tan monstruosa como se la presenta tradicionalmente. Las Casas Flambeau y Tremere, las cuales perdieron casi a la mitad de sus miembros en la guerra, permanecen implacablemente vigilantes, y existen algunos linajes de la Casa Tremere que hacen jurar a sus aprendices que reemprenderán la guerra si alguna vez se encontrara a los supervivientes de la Casa Díedne.
Magos de la Casa Diedne
Se saben pocos datos concretos sobre los seguidores de Díedne. Dado que descienden de los druidas, están especializados en la magia orientada a la naturaleza. La leyenda dice que Díedne y Merinita eran amigas íntimas antes de unirse a la Orden, aunque los seguidores de Merinita de este tiempo niegan tal amistad o le restan importancia.
Además, los magos Díedne sobresalían en su uso de la magia espontánea y tenían grandes dificultades con los hechizos formulaicos.
Si alguna vez resurgieran, los magos Díedne podrían atacar mediante animales o bosques controlados, o con magia elemental: sus más poderosos hechizos durante la Guerra del Cisma provocaban temblores de tierra y lluvias de fuego. Si las historias de su estancia en Arcadia son ciertas, podrían llegar a emplear magia feérica así como tener apoyo feérico. Los magos Herméticos no tienen un conocimiento preciso de las capacidades de estos magos (sobre todo tras tantos años), lo que convierte a la Casa Díedne en algo mucho más temible aún. Los miembros de la Casa Díedne que escaparon son el hombre del saco en las pesadillas de los aprendices de la Orden... y también las pesadillas de alguno de sus magos.
Historia reciente
Los últimos cien años han sido un siglo de relativa calma, sin crisis que amenazaran a la Orden en su totalidad. Los principales asuntos en la actualidad son el crecimiento de la sociedad mundana, la creciente fuerza y expansión del Dominio y la consiguiente pérdida de áreas mágicas. Muchos magos se están impacientando en el aislamiento frente a este avance y piden que se coordinen esfuerzos para detener a los mundanos en su invasión de nuevos territorios mágicos.
Dentro de la Orden está cobrando importancia un problema, referido a las restricciones en la magia que presentan los magos Herméticos. Los hay que dicen que el sistema de magia de Bonisagus ha fosilizado la imaginación y limitado las voluntades de cada mago posterior a los fundadores y que la Orden de Hermes está en un constante declive que sólo puede resultar en parálisis y muerte. Estos magos centran sus esfuerzos en encontrar nuevas formas de entender la magia, sistemas que potencialmente les abran a ellos y a los demás las puertas a un poder y una sabiduría que el sistema de Bonisagus no puede alcanzar. Los magos se han vuelto, en los últimos tiempos, más abiertos en su búsqueda de magia "exótica", aunque la Casa Bonisagus desaprueba tales investigaciones.
Leyendas de la Orden de Hermes
Hay muchas leyendas entre los hechiceros de la Orden de Hermes, como en cualquier cultura.
Aunque, por supuesto, puedan reflejar verdades, estos mitos son considerados muy imprecisos.
Aun así, unos pocos hechiceros siempre parecen estar obsesionados con ellos y pasan una buena parte de su tiempo intentando demostrar su autenticidad.
La leyenda de los Antiguos
Los magos Herméticos descienden de los "Antiguos", seres de otros tiempos de un increíble poder, cuya civilización fue destruida hace milenios. La humanidad los conoció como los dioses de Grecia y Egipto, y ahora duermen durante los siglos en túmulos escondidos y en cimas de montañas. Puede que algún día despierten y reclamen lo que es suyo, pero es posible que necesiten entonces de la ayuda de los que los puedan apoyar.
La leyenda de lo Mundano
El Dominio pronto ocupará todo el mundo y la magia será algo del pasado. Junto a la magia y a los duendes, también partirán la belleza y la alegría. Incluso la suave magia de una hermosa canción o del amor de una madre desaparecerá, dejando seres humanos grises y sin inteligencia como dueños y señores de un mundo pálido y moribundo.
La leyenda de los Duendes
Los duendes son los verdaderos dueños de la Tierra, y los humanos son duendes degenerados.
Los magos Herméticos son un patético intento de recuperar los poderes mágicos de los cuales fueron privados los humanos cuando perdieron sus poderes feéricos. Los duendes han ignorado hasta el momento a la humanidad, con un desprecio total, pero si los magos siguen arrasando los bosques feéricos y las campanas de las iglesias siguen haciendo retroceder a los duendes, pronto se volverán contra nosotros. Con suerte, sólo nos matarán. Por el contrario, podrían retenernos para su diversión.
La leyenda de la Degeneración
A medida que la Orden ha crecido en número, ha disminuido en calidad. Los magos del siglo XIII son débiles y carecen de imaginación si se los compara con los fundadores, y la Orden no muestra más que señales de una decadencia continua. Algunos predicen que los magos serán cada vez menos poderosos, hasta que la sociedad invada a la Orden, mientras que otros opinan que, un día, un osado mago rebatirá los dogmas de la Orden y de la magia Hermética, destruyéndola para luego reconstruirla rejuvenecida.