En busca de la extraña isla IV.
Las ruinas encontradas por el maestro Exmiscellanea Tiflux
en la isla, lo inquietaba. Algo en ellas lo llenaba de terror, y eso le impedía
conciliar el sueño. Y a un mas terror, el que recorría su cuerpo, llenándolo de
intranquilidad y esto iba en aumento dada la imposibilidad y lo poco
fructíferas que fueron las investigaciones mágicas a larga distancia.
Esto le conducía a pensar en la necesidad de una
investigación mas profunda y en persona de las mismas ruinas.
Al llegar el amanecer, Tiflus dejo encargado a uno de los
mundanos del campamento con una veintena de grogs de ultratumba, mientras que
el tomaba dos decurias de no muertos y la legion de autómatas para encaminarse
al interior de las ruinas.
Para adentrarse en ellas Tiflus decide subir a lo alto de la
colina, tratando de encontrar una ruta de entrada desde lo alto, para a
continuación dirigirse hacia abajo. Este plan lo idea con la intención de ir
descendiendo a través de las ruinas hasta el campamento base.
Asi que se encaminaron hacia la cima, tras tres horas de
ardua subida, la cima de la colina se abre ante ellos como una planicie de
arenas doradas y en centro de la misma una estructura piramidal muy ornamentada
y rodeada de una estructura con forma de muralla, también extremadamente
ornamentada todo ello construido con una roca del color oscuro como la profunda
noche.
Y esparcidos por toda
la planicie, como si una tormenta arrojara de forma violenta y sin sentido por
todas partes mas restos del mismo material, de otras construcciones que ya no
están en pie.
La entrada a la estructura principal que todavía permanece
en pie, esta flanqueada por dos enormes estatuas de un dragón y de un mítico
lamasu. Las estatuas llaman la atención del viejo mago, pero no logran
amedrentarlo en lo mas minimo.
El mago y sus cohortes, se adentran en las fauces de la
oscuridad, a través de pasillos interminables. Tiflux y sus compañeros se
adentran en el mortal silencio y la oscuridad avanzando por las entrañas de las
antiguas y olvidadas ruinas. Este silencio solo es interrumpido por el crepitar
y el crujido de la maquinaria que hace moverse a los autómatas de Darlo.
Los autómatas encabezan la marcha de la expedición, seguidos
por tiflux y los mundanos vivos, tras ellos los no muertos animados por las
viejas artes de tiflux y su olvidada secta de oriente.
Horas mas tarde, tras deambular por los pasillos de las
viejas ruinas, la expedición llego a una enorme sala, que a simple vista
parecía construida de forma antinatural con varios pasillos que salen de ella
en diversas direcciones. La sala iluminada por los rayos de una tenue luz, que
lo hacen de una forma extraña. La luz con ligeros tonos azulados, ilumina la
estancia de forma irregular una gran sala llena de columnas.
La sala de las columnas se convertirá en la primera de las
paradas de la comitiva, los mundanos bajo las ordenes de tiflux organizan las
guardias y el campamento, mientras el viejo mago estudia las extrañas
inscripciones y los relieves de las columnas y paredes de esta gran estancia.
Tiflux el veterano mago, sabio dentro de los sabios y muy
acostumbrado a los antiguos misterios de lo antiguo, ahora se convencía a si
mismo de que su búsqueda de la antigua y mitica isla para lograr encontrar a su
amigo perdido, era un bien aun mayor de lo que los demás sabios y magos creían,
el debía esto a su amigo descarriado, el le debía su propia vida. Una búsqueda
aun mayor que la mera búsqueda del poder personal, ya que el conocimiento es
poder y este aun es mas poderosas que la mayor de las magias.
Tiflux paso los siguientes tres días intentando descifrar
aquellos misteriosos símbolos y sus ocultos secretos, inscritos en paredes y
columnas. Al pasar este tiempo, la expedición se volvió a poner en marcha
adentrándose en las ruinas, de esta manera se metían en la boca del lobo-
pensaban todos. Pero el semblante de Tiflux estaba serio y en estado de alerta,
asustado también, con un miedo incomodo, este sentimiento que no recorría su
cuerpo desde sus tiempo de aprendizaje en la lejana bitinia.
Tiflux escudriñaba todos y cada uno de los oscuros rincones
que venían y que se iban. Sala tras sala, pasillo tras pasillo, el grupo iba
adentrándose en lo desconocido de las viejas ruinas, adentrándose en las
aterradoras ruinas.
El grupo avanzaba, hasta encontrar algún lugar en donde
volver a plantar su campamento, el tiempo parecía días y semanas, los mundanos
que acompañaban a Tiflux no sabrían decir cuánto tiempo llevaban en el interior
de las ruinas ni cuanto pasara hasta salir de estas ruinas.





