sábado, 21 de mayo de 2016

En busca de la extraña isla III

Tras una semana de navegación desde la alianza de Nav-egante, el hesperides y tiflux se encontraron con un enorme banco de niebla, el mar estaba lleno de extrañas algas que se aferran como garras al casco del navio, haciendo que la navegación sea una tarea difícil. Durante los siguientes días los problemas no dejaban de aparecer. Un buen dia el viento dejo de soplar, haciendo que la maquinaria de propulsión de la nave dejase de funcionar, lo que detuvo completamente al hespérides dejándolo a la deriva. Este suceso preocupo de forma alarmante a los pocos mundanos que habitan el navio.
Durante un mes, el barco permaneció a la deriva, los vigías no tenían nada a la vista mas que el ancho mar y el cielo infinito. Tras este mes en el que hespérides permaneció atrapado por las extrañas hierbas de las profundidades, el viento comenzó a soplar de nuevo y el sistema de propulsión volvió a ponerse en marcha y el navio volvió a moverse. Tomando dirección oeste hacia donde el sol se pierde, en busca de la mitica isla perdida de la atlantida.
Tras otro mes de viaje, los vigías del hespérides avistaron una enorme isla, cuya extensión se perdia en el horizonte, las cumbres de la isla se perdían en las alturas, tiflux y sus pocos vivos que lo acompañaban en el viaje discutían sobre si desembarcar o no en la isla.
Al final, primo la opinión del veterano mago de la casa exmiscellanea y el hespérides se detuvo para avituallarse de viveres y agua fresca para continuar el viaje a posterior.
En la isla desembarcaron dos grupos comandados por Luccas el rojo y Agnus el marino,los cuales dirigían grupos de no muertos de unos 20 individuo cada uno. Ambos grupos desembarcaron en una pequeña cala abrigada de los vientos, tiflux y una decena de soldados autómatas quedaron en la playa para mantener el lugar de reunión de los grupos de investigación.
Cada grupo se dirigió en una dirección, a través de la playa y tras dos días regresarían al punto de reunión. El grupo de Luccas, se dirigio hacia el sur y tras recorrer la isla por la costa regresaron sin nada que reportar a tiflux mas que la continuación de la isla. Agnus y su grupo se dirigieron hacia el norte, tras el primer dia no encontraron nada, pero durante el segundo dia se encontraron unas extrañas ruinas en la ladera de una colina alta que miraba al mar. Rápidamente volvieron junto a tiflux para informarle del hallazgo, una vez reunidos, Lucca a bordo de nuevo el hespérides y lo puso en marcha en dirección norte, mientras Agnus y tiflux se encaminaban en dirección a las ruinas por tierra.
Ante ellos se levantaba una colina de unos 200 m de alto con lo que parecían los restos ruinosos de una serie de extrañas construcciones. Un primer análisis y por medio de sondeos mágicos no revelaron nada especial en las ruinas, nada de su origen  o de su final. Todas las técnicas de exploración que el mago tiflux conocía y de las que disponía resultaron totalmente infructuosas.
Tras una noche por el sur apareció el hespérides con su fría uy no muerta tripulación bajo el mando de Luccas. Tiflux hizo descargar sus autómatas cedidos por el poderoso maestro de Verditus Darlo. Cuando tiflux activo al dormido guerrero metalico, le ordeno adentrarse en las ruina portando el ojo del mago, un poderoso artefacto creado por el mago verditus Casivellanus, que permite ver a distancia por medio de un cuenco de agua.
Estas investigaciones no condujeron a ningún avance significativo, ya que no revelaron nada. Pero esto aun inquieto mas  al veterano mago. Algo parecía extraño y malvado rondava las ruinas, esto trajo viejos recuerdos y recuerdos de advertencias pasada pero presentes que iban y venían en su mente.

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