viernes, 8 de abril de 2016

El descanso del guerrero

Los magos de la alianza de lasperanza encontraron durante el otoño de la alianza un lugar maldito dentro del territorio un lugar maldito y oscuro.


Cerca de un lugar olvidado, solo conocido por os lugareños como la aldea maldita. Su historia olvidada en las brumas del tiempo, en los oscuros  y olvidados rincones de la mente de los mortales. En la antigüedad, antes de que los latinos llegaran, la aldea era ya antigua y en ella convivían seres de todos los lugares y el rey del bosque caminaba entre los mortales. Esta espléndida aldea, lugar de paz y armonía se volvió turbia y oscura en la noche del Shelfeing, cuando el demonio Shanalfeing y sus devas llegaron. Ellos atravesaron la gruta de los antiguos y en ella expulsaron a los antiguos espíritus, los espíritus de la antigüedad y consigue despertar al antiguo espíritu durmiente, al antiguo durmiente al Shoggotd, el espíritu durmiente, el viejo servidor de los ancianos, los seres que vinieron desde las estrellas, los dioses soberanos. 


Con la ayuda de este ser, el demonio Shanalfein construyo su infame hogar en este mundo. Con su ayuda el construyo su templo, un lugar al que llamar hogar en este frio mundo. Y atrajo a los caballeros malditos a los caballeros malditos, sombras de la destrucción, él no los convoco, pero se regocijo al sentir que eran liberados de las manos del señor mortal, del maldito servidor del demonio de los muertos.

El los atrajo para servirle, para que le trajeran esclavos para las minas y para su disfrute. El los hacia luchar unos contra otros en la oscura y ensangrentada arena para su diversión. Hermanos contra hermanos, padres contra hijos, todos luchan para el disfrute del gran Shanalfeing. Y tras la lucha, él bebe sus lágrimas y devora su carne, devorando a los hijos asesinados por su padre, a los hermanos desangrados por las armas de sus hermanos. Él se deleita con la carne de los asesinos y lanza el despojos a los hambrientos siervos, a las fauces babeantes por el hambre insaciable.


Pero el teme, el de verdad teme, y con razón, el teme al demonio con cara inocente, él lo teme y lo odia pero sabe cuál es su lugar en la jerarquía final del empíreo, el conoce el sabor del poder y de la fuerza, él sabe a quién debe obediencia. Pero él tiene permitido divertirse y deleitarse de los placeres, pero tiene una única prohibición, él no puede tocar a los protegidos del negociador.

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